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Cuando el objetivo aparece, todo empieza a alinearse

Cuando el objetivo aparece, todo empieza a alinearse

Durante mucho tiempo me entrené sin tener un “por qué” del todo definido. Sabía que algo iba a llegar. Siempre lo supe. Desde chico me visualicé a mis 30 años en algo grande, exigente, desafiante. No sabía exactamente qué, pero sentía que había un llamado ahí.

 

El Ironman apareció de esa forma. No forzado. No buscado. Me lo propuso un amigo, Quito, y fue la chispa. Yo ya venía entrenando fuerte, con un mindset sólido, atravesando procesos de disciplina y orden mental. Él acercó la propuesta porque el terreno ya estaba preparado. Cuando llegó, hizo sentido inmediato.

 

Al principio fue puertas adentro. En una charla entre amigos, en un asado, lo dije casi sin pensarlo. Cuando lo verbalicé, dejó de ser una idea. Después vino el paso clave: expresarlo en voz alta al mundo. Publicarlo. Decir “esto es lo que voy a hacer”. Ese día fue muy fuerte. Lloré. Sentí una liberación enorme. Entendí que estaba eligiendo mi camino.

 

Desde ahí, algo empezó a alinearse solo. Los hábitos se ordenaron. La cabeza dejó de divagar. El foco se volvió nítido. Empecé a entrenar con objetivos claros, sin mirar alrededor, sin compararme, sin ruido. Nadar se volvió nadar. Correr se volvió correr. Entrenar pasó a ser entrenar.

 

El inconsciente empezó a trabajar a favor. Consumo contenido alineado, asimilo información, y al momento de entrenar me doy cuenta de que la estoy aplicando sin pensarlo. El cuerpo responde, pero sobre todo responde la cabeza.

 

También cambió mi forma de vivir. Más estructura. Más disciplina. Menos vueltas mentales. Acción constante. Los días fluyen. El entorno acompaña. Las conversaciones cambian. Aparecen personas, propuestas y conexiones. No por casualidad, sino por coherencia.

 

Este proceso me está enseñando algo simple y profundo: cuando el objetivo es claro, las prioridades se ordenan solas. El Ironman es una carrera, sí, pero también es una excusa. Una forma de mostrar que cuando uno se compromete de verdad, el camino aparece.

 

El objetivo marca el rumbo. El compromiso de recorrerlo es lo que nos transforma y nos permite ver más allá.

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